Cómo leer etiquetas nutricionales sin caer en trampas de marketing

Redacción : Oscar Cruz

(ENNews)–Leer etiquetas nutricionales se ha vuelto una necesidad para sobrevivir en la era de los productos ultraprocesados, los supermercados están llenos de colores vibrantes, promesas de salud y mensajes que disfrazan productos llenos de azúcar, sodio o grasas.

Por eso, aprender a leer la letra pequeña es una herramienta básica para cuidar la salud y a continuación conocerás como hacerlo.

El primer elemento a revisar es el tamaño de la porción. Muchas marcas manipulan este dato para que sus productos parezcan más “ligeros”. Si consumís más de una porción, multiplicá todo lo que aparece en la tabla. Es común que las calorías y nutrientes se tripliquen fácilmente sin que el consumidor lo note.

Después del tamaño de la porción, fijate en las calorías. Pero no te detengás ahí. Las claves están en la cantidad de grasas saturadas, azúcares añadidos y sodio. Desde 2020, la FDA obliga a que se destaquen los azúcares añadidos, y en 2025 se impulsa un sistema frontal que advierte si están en niveles altos, medios o bajos.

El listado de ingredientes es otra pista crucial. Está ordenado de mayor a menor presencia en el producto. Si entre los primeros cinco ves varios tipos de azúcar —jarabe de maíz, melaza, dextrosa—, tenés frente a vos un producto ultraprocesado con una carga dulce camuflada. Esta táctica es común para evitar que el azúcar “normal” aparezca de primero.

También es importante identificar edulcorantes como el sorbitol, maltitol o xilitol. Aunque permiten declarar que no hay azúcar añadida, siguen siendo compuestos dulces. Para quienes tienen colon irritable o quieren reducir el consumo de dulces, estos productos no siempre son la mejor opción.

Los términos “light” o “cero” tienen reglas: solo pueden usarse si el producto tiene 25 % menos calorías o nutrientes que su versión regular. Pero algunas marcas comparan consigo mismas, no con otros productos similares. Así, lo que parece una opción “más saludable” puede ser solo una jugada de marketing interno.

Otro caso engañoso es el pan integral. Si dice “integral” pero el primer ingrediente es harina blanca enriquecida, no estás comprando un pan verdaderamente integral. En estos casos, “multigrano” o “rico en fibra” no garantiza calidad, sino mezcla de harinas o adición de fibra artificial. El orden de los ingredientes te dirá la verdad.

El porcentaje de Valor Diario (%VD) se basa en una dieta promedio de 2 000 calorías. Es orientativo, pero no absoluto. No se ajusta a niños, deportistas o personas con condiciones particulares. Aunque es útil, debe interpretarse dentro del contexto personal de cada consumidor y no como regla general.

Varios países de Centroamérica impulsan leyes de etiquetado frontal. Guatemala, Costa Rica y Honduras han retomado estos debates desde 2024. La idea es advertir al consumidor con octágonos negros o señales que digan “ALTO EN AZÚCAR”, entre otras. Se espera que El Salvador también adopte medidas similares en los próximos años.

Las frases “100 % natural”, “artesanal” o “sin conservantes” no están reguladas con precisión. Muchas veces apelan a emociones y no a datos concretos. Un yogur artesanal puede tener espesantes industriales y un jugo “natural” puede estar cargado de azúcar añadida. Lo único que no miente es la lista de ingredientes.

Hoy existen aplicaciones que escanean productos y los califican. Son útiles, pero sus algoritmos responden a criterios propios. Pueden servir como guía rápida, pero no deben reemplazar el análisis personal o la consulta con profesionales. Usalas como apoyo, no como sentencia definitiva.

En resumen, leer bien una etiqueta implica revisar la porción, observar nutrientes clave, estudiar ingredientes, desconfiar del lenguaje publicitario y contextualizar toda la información según tus hábitos. No es paranoia, es salud preventiva. Una práctica de segundos que puede ahorrarte años de complicaciones.

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