Trump advierte a Elon Musk que podría perder sus subsidios y hasta la residencia
Redacción : Oscar Cruz
(ENNews)—El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su antiguo aliado empresarial y político, Elon Musk, está “molesto” por el plan de la Casa Blanca para suprimir incentivos a los vehículos eléctricos, iniciativa que, según el presidente, pondría en riesgo directo el negocio automotriz del magnate y lo dejaría “sin más remedio que volver a Sudáfrica”, a pesar de que el empresario posee también ciudadanía estadounidense.
El mandatario hizo la declaración en un encuentro improvisado con periodistas frente a la Casa Blanca, donde respondió con un “lo miraré” cuando le preguntaron si consideraría la expulsión de Musk del país, insinuación que elevó el tono de la disputa y sorprendió incluso a los asesores más cercanos.
Trump explicó que las compañías de Musk han recibido “muchas ayudas” federales y, sin rodeos, apuntó que el Departamento de Eficiencia Gubernamental, el mismo organismo donde el empresario participó brevemente como asesor, podría “volver para comerse a su antiguo responsable” si continúan las críticas al nuevo presupuesto.
El presidente justificó el recorte de subsidios porque “nadie quiere un coche eléctrico”, subrayó que él personalmente no lo desea y recordó con ironía que, aun así, en marzo adquirió un Tesla frente a las cámaras para “proteger la imagen de la empresa” ante los exabruptos de su fundador.
Horas antes, Trump había escrito en Truth Social que, sin las subvenciones, Musk “probablemente tendría que cerrar la tienda y volverse a casa”, un mensaje que se hizo viral y abrió un frente potencialmente costoso para la industria espacial y automotriz del magnate.
En ese mismo texto, el presidente señaló que Musk “puede recibir, con diferencia, más subsidios que cualquier otra persona en la historia” y advirtió que, si se cortan las ayudas, se acabarían “los lanzamientos de cohetes, los satélites y la producción de coches eléctricos”, con el resultado de que “el país ahorraría una fortuna”.
Trump recordó que su oposición a los mandatos de vehículos eléctricos fue pública desde la campaña y sostuvo que su posición nunca fue un secreto para Musk, incluso cuando el empresario lo apoyaba con donaciones récord y aparecía como uno de sus asesores más influyentes.
El origen inmediato del choque es el megaproyecto de ley presupuestaria y de recortes fiscales que la Casa Blanca intenta aprobar antes del viernes, plan que combina reducción de impuestos, incremento del gasto en defensa y refuerzo del control migratorio, pero que, según Musk, dispararía la deuda pública a niveles “históricos”.
El empresario advirtió este lunes a los legisladores republicanos que “perderán sus primarias el año que viene” si respaldan el proyecto, una amenaza directa a la mayoría oficialista en el Senado que provocó malestar entre los aliados de Trump.
Musk escribió que cualquier congresista que haya hecho campaña prometiendo contener el gasto y, de inmediato, vote por “el mayor aumento de deuda de la historia” debería sentir vergüenza y, aseguró, él se encargará de que pierdan sus reelecciones aunque sea “lo último que haga en esta Tierra”.
La Casa Blanca considera la postura del magnate un ataque frontal al corazón de su agenda económica, pues los beneficios fiscales proyectados dependen, en buena medida, de reducir los incentivos al sector eléctrico y reasignar esos fondos a la industria fósil y a programas de infraestructura militar.
Dentro del Senado, el proyecto se encuentra en fase de enmiendas y necesita el respaldo de los 53 republicanos para pasar sin modificaciones críticas, pero la amenaza de Musk complica las negociaciones, porque algunos senadores de estados con plantas de Tesla temen un costo político y laboral elevado si los subsidios desaparecen.
Fuentes del Departamento de Comercio confirmaron que las empresas de Musk recibieron en la última década créditos e incentivos por más de 14 ,000 millones de dólares, cifra que podría reducirse drásticamente si el nuevo presupuesto se aprueba en su forma actual, algo que la oficina presupuestaria considera “probable”.
Analistas de mercado señalan que un recorte tan brusco provocaría ajustes inmediatos en los precios de los Model 3 y Model Y, los dos vehículos más vendidos de Tesla, y forzaría a la compañía a ralentizar su expansión en Texas y Nevada, donde construye nuevas “gigafábricas” con apoyo estatal y municipal.
En el sector aeroespacial, SpaceX también depende de contratos gubernamentales para misiones satelitales y reabastecimiento de la Estación Espacial Internacional, contratos que podrían mantenerse, aunque expertos advierten que un deterioro en la relación política complicaría futuras adjudicaciones de la NASA y el Pentágono.
Musk, por su parte, no ha respondido públicamente a la amenaza de deportación lanzada por Trump, pero en círculos cercanos se insiste en que recurrirá a los tribunales si la Administración intenta revocar prestaciones o modificar su estatus migratorio, escudo legal que prolongaría el conflicto durante meses.
El enfrentamiento marca un punto de inflexión en la relación entre dos figuras que, hasta hace poco, se presentaban como aliados en la defensa del “american made” y la innovación tecnológica, y expone las tensiones internas del Partido Republicano entre el ala tradicional proindustria y la nueva corriente que prioriza la austeridad fiscal.
Mientras tanto, grupos ambientalistas celebran la posibilidad de que el gobierno corte los subsidios a una empresa que, a su juicio, “no necesita más dinero público”, aunque lamentan que la motivación presidencial no sea climática sino política.
Organizaciones de consumidores temen que la retirada de incentivos eleve los precios finales y frene la transición hacia vehículos de bajas emisiones, lo que alejaría a Estados Unidos de sus compromisos en la Cumbre de París y daría ventaja a fabricantes chinos en el mercado global.
Observadores legales advierten que la sugerencia de deportar a un ciudadano naturalizado por razones económicas chocaría con protecciones constitucionales básicas y crearía un precedente inquietante para otros empresarios que dependen de contratos federales, muchos de ellos extranjeros nacionalizados.
El debate continuará esta semana en el Capitolio, donde los senadores deberán decidir si respaldan la propuesta presidencial y desafían la campaña de presión de Musk, o si introducen cambios que mantengan al menos parcialmente los incentivos, en un equilibrio delicado entre disciplina fiscal y estabilidad industrial.
Lo que parece claro es que la relación Trump‑Musk, antes símbolo de la alianza entre poder político y disrupción tecnológica, atraviesa su fase más volátil y que, gane quien gane la pulseada, el resultado marcará el futuro inmediato del sector eléctrico, la política de subsidios y, tal vez, las primarias de 2026.






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