El origen ancestral de Halloween

Redacción: Abigail Rivera

(ENNews)—Cada año, millones de personas alrededor del mundo se disfrazan de fantasmas, brujas y monstruos, pidiendo “truco o trato” bajo la luz parpadeante de calabazas talladas. Halloween, una de las fiestas más populares del calendario occidental, parece un invento moderno lleno de diversión y terror ficticio.

Sin embargo, sus raíces se hunden en tradiciones ancestrales que datan de hace más de 2.000 años, fusionando creencias paganas, influencias cristianas y migraciones culturales. Según historiadores como Ronald Hutton en su obra Stations of the Sun (1996), Halloween no es solo una excusa para fiestas; es un eco de rituales que honraban a los muertos y marcaban el ciclo de la vida.

El origen de Halloween se remonta a la Irlanda y Gran Bretaña celtas, en el siglo I a.C. La festividad central era Samhain (pronunciado “sá-uín” en gaélico), que se celebraba del 31 de octubre al 1 de noviembre. Para los antiguos celtas, este era el final del verano y el comienzo del invierno oscuro, un período de transición donde la naturaleza “moría” simbólicamente.

Fuentes como los textos romanos de Julio César y el historiador irlandés del siglo IX, Cormac Ua Cuilleanáin, describen cómo los druidas, sacerdotes celtas creían que durante Samhain, el velo entre el mundo de los vivos y el de los espíritus se adelgazaba. Los muertos regresaban a visitar a los vivos, y se realizaban fogatas rituales para guiar a las almas y ahuyentar a los espíritus malignos. No era una noche de terror, sino de reverencia: se sacrificaban animales, se contaban historias orales y se compartían banquetes para apaciguar a los ancestros.

Con la llegada del cristianismo a las Islas Británicas en el siglo V, la Iglesia Católica buscó integrar estas costumbres paganas para facilitar la conversión. En el año 835, el Papa Gregorio III dedicó el 1 de noviembre al Día de Todos los Santos (All Saints’ Day), en honor a todos los mártires cristianos.

La víspera, el 31 de octubre, se convirtió en All Hallows’ Eve, que con el tiempo se acortó a Halloween. Esta superposición no fue casual: el historiador Bede, en su Historia Eclesiástica del Pueblo Inglés (731 d.C.), documenta cómo la Iglesia adaptaba festividades locales para evitar resistencias. Así, Samhain se transformó en una celebración cristiana, aunque retuvo elementos como las hogueras y las máscaras para espantar demonios, que evolucionaron en disfraces.

La festividad permaneció regional en Europa hasta el siglo XIX, cuando la Gran Hambruna Irlandesa (1845-1852) impulsó una masiva emigración a Estados Unidos. Los inmigrantes irlandeses y escoceses llevaron consigo tradiciones como el “guising” disfrazarse para recolectar comida a cambio de oraciones por los muertos y la leyenda de Jack O’Lantern.

Esta historia, certificada en folclore irlandés del siglo XVI, narra a Stingy Jack, un avaro que engañó al diablo y fue condenado a vagar eternamente con una calabaza iluminada por una brasa infernal. En América, donde las calabazas eran abundantes (a diferencia de los nabos europeos), esta tradición se popularizó. Según el Smithsonian Magazine, citando archivos del siglo XIX, las primeras celebraciones de Halloween en EE.UU. datan de 1920 en ciudades como Nueva York, impulsadas por comunidades inmigrantes.

En el siglo XX, Hollywood y el consumismo la catapultaron a la fama global. Películas como It’s the Great Pumpkin, Charlie Brown (1966) y el auge de la industria de disfraces en los años 50 convirtieron Halloween en un negocio millonario, con ventas anuales superiores a los 10.000 millones de dólares en EE.UU., según la National Retail Federation. Hoy, se celebra en más de 100 países, fusionando lo pagano, lo cristiano y lo comercial. En México, se entrelaza con el Día de Muertos, un reconocimiento UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en 2008, que comparte raíces prehispánicas similares.

Halloween nos recuerda que las tradiciones evolucionan, pero sus orígenes ancestrales, verificados por arqueólogos en sitios como Tara, Irlanda, hablan de nuestra eterna fascinación con la muerte y lo sobrenatural. En un mundo cada vez más secular, esta noche sigue siendo un puente entre lo antiguo y lo moderno, invitándonos a reflexionar sobre lo que persiste más allá de la vida.

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