La salud mental de los menores: Una prioridad inaplazable en la infancia y adolescencia
Redacción: Abigail Rivera
(ENNews)—En un mundo cada vez más acelerado y conectado, la salud mental de los menores de edad se ha convertido en un tema de urgencia global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente uno de cada siete niños y adolescentes en el mundo, es decir, más de 166 millones de personas menores de 18 años padece algún trastorno mental, como ansiedad, depresión o trastornos del comportamiento.
Esta cifra alarmante, respaldada por el informe de la OMS de 2022 sobre salud mental infantil, subraya la necesidad imperiosa de priorizar el bienestar emocional de las nuevas generaciones para evitar consecuencias a largo plazo que afecten no solo a los individuos, sino a la sociedad entera.
La importancia de cuidar la salud mental en los menores radica en su rol fundamental durante el desarrollo humano. La etapa infantil y adolescente es crítica para la formación de la identidad, las habilidades sociales y el aprendizaje cognitivo. Trastornos no atendidos pueden derivar en bajo rendimiento escolar, aislamiento social y, en casos extremos, conductas de riesgo como el abuso de sustancias o el suicidio. De hecho, la OMS reporta que el suicidio es la cuarta causa de muerte entre jóvenes de 15 a 19 años, con tasas que han aumentado un 20% en la última década en regiones como América Latina, según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en su informe “La situación de los niños en el mundo 2021”.
Factores como la pandemia de COVID-19 han exacerbado esta crisis. Un estudio publicado en “The Lancet Child & Adolescent Health” en 2021, basado en datos de más de 80 países, reveló que los cierres escolares y el aislamiento social incrementaron en un 25% los casos de ansiedad y depresión entre menores.
En México, por ejemplo, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022, realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública, indica que el 30% de los adolescentes reporta síntomas de estrés postraumático relacionados con la contingencia. Además, el bullying cibernético y la exposición excesiva a redes sociales agravan el panorama: la American Psychological Association (APA) certifica que el uso prolongado de plataformas como Instagram o TikTok está ligado a un mayor riesgo de imagen corporal distorsionada y baja autoestima en niñas y niños.
Expertos coinciden en que la prevención es clave. La Dra. María Elena Medina-Mora, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz en México y exdirectora de la OMS para salud mental, enfatiza en una entrevista reciente con “El Universal” que “la detección temprana mediante chequeos regulares en escuelas y consultas pediátricas puede reducir hasta en un 50% la severidad de los trastornos, según meta-análisis de la APA”.
Programas educativos como el de UNICEF, “Ayudar a los niños a prosperar”, promueven intervenciones basadas en evidencia, como terapias cognitivo-conductuales adaptadas a edades tempranas, que han demostrado una efectividad del 70% en reducir síntomas de depresión, de acuerdo con revisiones sistemáticas en JAMA Pediatrics (2023).
Sin embargo, el acceso a servicios sigue siendo un desafío. En países en desarrollo, solo el 20% de los menores con necesidades recibe atención adecuada, según la OMS. En respuesta, gobiernos y ONGs impulsan iniciativas: en España, el Plan Nacional de Salud Mental Infantil ha integrado psicólogos en escuelas, mientras que en Latinoamérica, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) aboga por políticas inclusivas.
Cuidar la salud mental no es un lujo, sino una inversión en el futuro. Padres, educadores y policymakers deben fomentar entornos de apoyo: conversaciones abiertas sobre emociones, límites en el uso de tecnología y promoción de actividades físicas.
Como señala el informe de la ONU de 2023, “proteger la mente de los niños es construir sociedades más resilientes”. Ignorar esta realidad no solo perpetúa ciclos de sufrimiento, sino que amenaza el desarrollo sostenible. Es hora de actuar: la salud mental de los menores no espera.













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