Lo que parece estrés o mala digestión podría esconder algo más

Redacción : Oscar Cruz

(ENNews)–El dolor abdominal, la urgencia para ir al baño y la diarrea persistente suelen atribuirse al estrés o a una comida mal digerida, pero especialistas advierten que estos síntomas podrían ser indicativos de colitis ulcerosa, una enfermedad inflamatoria intestinal crónica que requiere diagnóstico temprano y seguimiento médico continuo.

La colitis ulcerosa (CU) afecta exclusivamente al colon y provoca inflamación en el revestimiento del intestino grueso. Según el Dr. Hassan Dakik, gastroenterólogo del Hospital Houston Methodist, “la colitis ulcerosa es esencialmente un ataque autoinmune a las propias células intestinales”.

Aunque la enfermedad suele comenzar en la adultez temprana, puede desarrollarse a cualquier edad y manifestarse de manera intermitente, con períodos de síntomas intensos seguidos de fases de relativa calma.

Entre los signos iniciales se encuentran el sangrado rectal, el aumento en la frecuencia de las deposiciones y la urgencia por evacuar, a medida que la enfermedad progresa, es común que aparezca dolor abdominal, que puede comenzar en la región pélvica y extenderse hacia el lado izquierdo del abdomen, o presentarse de forma generalizada. Dakik señala que el dolor tiende a intensificarse en episodios recurrentes según el avance de la enfermedad.

Algunos pacientes presentan manifestaciones fuera del sistema digestivo, conocidas como síntomas extraintestinales, que pueden incluir erupciones cutáneas, llagas bucales o dolor articular. “A veces, los primeros signos no se detectan en el intestino, sino en la piel, las articulaciones o los ojos”, indicó Dakik.

Los factores que provocan la colitis ulcerosa no se comprenden completamente. La investigación sugiere que se trata de una combinación de predisposición genética, disfunción inmunológica y elementos ambientales. “Definitivamente existe una predisposición genética; la colitis ulcerosa tiende a presentarse en grupos familiares”, añadió el especialista.

El diagnóstico inicial suele incluir análisis de sangre, estudios de heces y pruebas de imagen, mientras que la confirmación requiere colonoscopia con biopsia. Dakik explica que, aunque algunas personas sienten ansiedad ante la colonoscopia, “frecuentemente se realizan primero pruebas no invasivas para evaluar la situación”.

El tratamiento se centra en reducir la inflamación intestinal y prevenir brotes. En casos leves, se utiliza mesalamina en forma de supositorios o enemas, mientras que en situaciones moderadas o graves se emplean terapias biológicas e inmunomoduladores. “Planificamos el tratamiento para que se adapte a la vida del paciente”, señaló Dakik.

El seguimiento médico es clave para evitar complicaciones a largo plazo, incluyendo análisis de laboratorio periódicos, evaluación de respuesta al tratamiento y colonoscopias cada uno o dos años. “Con las terapias modernas, muchas consultas pueden incluso realizarse por videollamada”, agregó el especialista.

La colitis ulcerosa mal controlada puede aumentar el riesgo de cáncer colorrectal, por lo que se recomienda vigilancia estricta en pacientes con inflamación prolongada. Dakik advirtió que “el riesgo de cáncer está relacionado con la intensidad y duración de la inflamación”.

Aunque no existe una dieta específica para la colitis ulcerosa, los médicos aconsejan identificar y evitar alimentos que desencadenen síntomas. Con el tiempo, la mayoría de los pacientes aprenden a reconocer qué alimentos generan molestias y ajustan su alimentación según sus necesidades.

La detección temprana, el tratamiento adecuado y el seguimiento constante son fundamentales para mejorar la calidad de vida de quienes viven con esta enfermedad y reducir el riesgo de complicaciones graves a largo plazo.

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