Colesterol: qué es, riesgos y cómo reducirlo con hábitos efectivos
Redacción : Oscar Cruz
(ENNews)–El colesterol es una grasa esencial para el organismo, necesaria para la producción de hormonas, vitamina D y para formar las membranas celulares, sin embargo, cuando sus niveles se descontrolan, aumenta el riesgo de sufrir infartos y accidentes cerebrovasculares.
Este compuesto circula en la sangre ligado a lipoproteínas, principalmente dos tipos: LDL y HDL, con funciones opuestas y claves para la salud cardiovascular.
El LDL, conocido como colesterol “malo”, transporta el colesterol desde el hígado hacia los tejidos, pero en exceso se acumula en las paredes arteriales formando placas que estrechan las arterias y favorecen la aparición de coágulos.
Por otro lado, el HDL o colesterol “bueno” actúa recogiendo el colesterol sobrante para llevarlo de vuelta al hígado, ayudando a eliminarlo. El equilibrio entre ambos es fundamental para mantener las arterias limpias y prevenir enfermedades cardíacas.
En 2025, los niveles recomendados para la población general son un LDL inferior a 100 mg/dL y un HDL entre 40 y 50 mg/dL para hombres, y entre 50 y 60 mg/dL para mujeres. Para personas con alto riesgo cardiovascular, como quienes tienen antecedentes de infarto, diabetes o hipertensión, la meta para LDL es más estricta, menor a 70 mg/dL. Los triglicéridos también juegan un papel importante y deberían mantenerse por debajo de 150 mg/dL.
El problema es que el colesterol alto no presenta síntomas visibles y suele detectarse únicamente mediante análisis de sangre. Según datos recientes, más del 55% de los adultos en España y entre el 40% y 60% en Latinoamérica tienen niveles elevados, por eso, el control periódico y el seguimiento médico son indispensables para prevenir complicaciones graves.
Para reducir el colesterol LDL y aumentar el HDL, la base está en adoptar hábitos alimenticios saludables, un patrón dietético similar al mediterráneo es el más recomendado: consumir fibra soluble presente en la avena y las legumbres, frutas, verduras, aceite de oliva virgen extra, frutos secos en cantidades moderadas y pescado azul varias veces por semana.
Al mismo tiempo, se deben limitar las grasas saturadas y trans, los ultraprocesados y azúcares añadidos.
El ejercicio físico regular, como caminar rápido, nadar o andar en bicicleta al menos 150 minutos semanales, contribuye a mejorar el perfil lipídico, reducir grasa abdominal y controlar la presión arterial.
Además, perder entre un 5% y 10% del peso corporal si existe sobrepeso ayuda a disminuir el LDL y los triglicéridos. Dejar de fumar incrementa el HDL, mientras que un sueño reparador de 7 a 8 horas mejora el control metabólico general, el consumo moderado de alcohol es aconsejable, evitando su ingesta si los triglicéridos están elevados.
Un ejemplo de alimentación diaria para mejorar el colesterol podría incluir: desayuno con avena, fruta y yogur natural; comida con una ensalada grande, legumbres y aceite de oliva; merienda con frutos secos o tostada integral; y cena con pescado azul y verduras al horno, acompañados siempre de agua como bebida principal.
Cuando los cambios en el estilo de vida no son suficientes, existen tratamientos farmacológicos, las estatinas son los medicamentos más utilizados para reducir eficazmente el LDL y prevenir eventos cardiovasculares.
En casos donde no se logran las metas o hay intolerancia, se pueden añadir ezetimiba o inhibidores PCSK9, también está disponible el ácido bempedoico para pacientes que requieren un descenso adicional o no toleran otras opciones. Estos fármacos deben ser prescritos y supervisados por un médico, ya que requieren seguimiento y evaluación de posibles efectos secundarios.
Se recomienda comenzar los controles de colesterol desde la adultez temprana, alrededor de los 20 a 25 años, con mayor frecuencia si existen antecedentes familiares o factores de riesgo. Los análisis periódicos permiten evaluar el progreso y ajustar el plan de tratamiento según sea necesario.
Es importante desconfiar de soluciones rápidas o suplementos milagrosos que prometen bajar el colesterol sin respaldo científico, el aceite de coco, por ejemplo, puede elevar el LDL, y las dietas extremas no siempre ofrecen beneficios sostenibles.
La clave está en un enfoque integral, que combine alimentación, actividad física, seguimiento médico y, cuando se requiera, medicación para proteger la salud cardiovascular a largo plazo.












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