Estudio releva por que el cerebro sigue resolviendo problemas mientras intentas dormir
Redacción : Oscar Cruz
(ENNews)–Dormir no siempre significa descansar, especialmente para quienes padecen insomnio, un trastorno que mantiene la mente activa incluso cuando el cuerpo busca reposo, según un nuevo estudio internacional publicado en la revista Sleep Medicine.
La investigación, desarrollada por un equipo de científicos de Australia y Estados Unidos, identificó diferencias claras entre el ritmo cerebral de quienes sufren insomnio y el de las personas que duermen sin dificultad, mostrando que los primeros mantienen una actividad mental diurna durante la noche, lo que impide el inicio del sueño.
Los investigadores observaron que esta persistencia de pensamiento no responde únicamente a preocupaciones o estrés, sino a un desajuste en los ritmos circadianos del cerebro, el sistema interno que regula los ciclos de actividad y descanso, lo que explicaría por qué algunas personas no logran desconectarse mentalmente al final del día.
Para eliminar influencias externas, los participantes fueron sometidos a un protocolo de rutina constante que consistió en permanecer 24 horas en un entorno sin ventanas ni relojes, con iluminación tenue y comidas distribuidas de forma regular, condiciones diseñadas para evaluar el comportamiento natural del cerebro sin estímulos del entorno.
El estudio incluyó a 32 adultos mayores de 55 años, divididos en dos grupos, uno con historial de insomnio persistente y otro sin dificultades para dormir, quienes reportaron cada hora la forma en que se presentaban sus pensamientos, si eran imágenes o palabras, si se percibían reales o parecidos a sueños, y si podían controlarlos o no.
Los resultados mostraron que las personas con insomnio mantuvieron un nivel constante de actividad cognitiva durante toda la noche, a diferencia del grupo de control, cuyo pensamiento se redujo gradualmente al acercarse las horas de descanso, lo que demuestra que el cerebro de los insomnes no logra realizar la transición natural hacia el sueño.
El análisis permitió identificar tres alteraciones principales en el ritmo mental de las personas con insomnio, una menor variación en la intensidad del pensamiento a lo largo del día, un retraso de seis horas en el pico de actividad cerebral y una tendencia a mantener un patrón de pensamiento secuencial y estructurado, incluso durante la madrugada.
Este último punto es clave, porque indica una dificultad para abandonar la organización lógica del pensamiento diurno y pasar a un modo más libre y fragmentado, propio de las etapas iniciales del sueño, lo que explica la sensación de “mente despierta” que muchos describen al intentar dormir.
El estudio respalda la teoría de la hiperactivación cognitiva, un modelo que plantea que el insomnio no depende tanto de la cantidad de pensamientos, sino del modo en que el cerebro los procesa, ya que el sistema mental permanece en estado de resolución y análisis incluso en momentos destinados al descanso.
Durante la investigación también se evaluó el control voluntario de los pensamientos, observándose que los insomnes mostraron menor variación diurna en su capacidad para detener o monitorear la actividad mental, lo que sugiere que sus cerebros no reciben una señal clara de desconexión.
A partir de estos hallazgos, los autores del estudio plantean que el tratamiento del insomnio debe ir más allá de las recomendaciones conductuales tradicionales, como establecer rutinas o evitar pantallas, y centrarse también en la sincronización del ritmo mental interno, reforzando la señal biológica que indica al cerebro cuándo debe descansar.
Entre las estrategias posibles se mencionan las terapias con luz controlada, los horarios estables de actividad diurna y las técnicas de atención plena o mindfulness, que podrían ayudar a marcar una frontera más clara entre la vigilia y el sueño, reduciendo la persistencia del pensamiento diurno durante la noche.
Los investigadores señalan además que reconocer el componente biológico del insomnio puede ayudar a disminuir la carga emocional de quienes lo padecen, al entender que no siempre se trata de malos hábitos, sino de un desfase natural en el reloj interno del cerebro que requiere ajustes específicos.
El estudio fue realizado por Kurt Lushington, Jillian Dorrian, Hans P. A. Van Dongen y Leon Lack, y publicado bajo el título Cognitive-affective disengagement: 24h rhythm in insomniacs versus healthy good sleepers, un trabajo que abre nuevas posibilidades para comprender cómo el pensamiento humano influye en el descanso y por qué, en algunos casos, la mente sigue despierta incluso cuando el cuerpo ya no lo está.












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