HUELLA POÉTICA. AUTORES

Rafael Ballesteros nació en Málaga en octubre de 1938. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada. Catedrático de Instituto. Profesor invitado en varias Universidades de Estados Unidos.

Ha publicado diversos estudios de crítica literaria sobre las obras poéticas de Carriedo, M. Labordeta, Pérez Estrada, Vicente Nuñez, Ricardo Molina, Moreno Villa, Muñoz Rojas, en revistas y editoriales especializadas. Ha publicado varios libros de poemas y novelas, algunas de ellas premiadas.

En 2019 obtuvo un importante premio, XI Premio de las Letras Andaluzas «Elio Antonio de Nebrija”, a su obra general y es merecedor por su trayectoria, de la admiración y reconocimiento de los escritores andaluces.

Su poesía ha sido traducida al francés, árabe, rumano, inglés, húngaro e italiano.

La obra de Rafael Ballesteros, está catalogada de vitalista, sensual e intensamente humana. Su literatura es brillante y de un gran humanismo solidario.

Mostrar vuestro apoyo en nuestras cuentas de Instagram @ennews.sv @mireyaguzmanburgos y Facebook.

Podréis leer, también desde esta misma web, un poema inédito de mi autoría.

✔Por Mireya
@mireyaguzmanburgos

El jardín solariego

Las fuentes resecas, las rosas terminan.
Incienso de muerte. Tu día se acerca.
Las peras engordan como Budas mínimos.
Una azul neblina, rémora del lago.
Y tú vas cruzando la hora de los peces,
los siglos altivos del cerdo:
dedo, testuz, pata
surgen de la sombra. La historia alimenta
esas derrotadas acanaladuras,
aquellas coronas de acanto,
y el cuervo apacigua su ropa.
Brezo hirsuto heredas, élitros de abeja,
dos suicidios, lobos penates,
horas negras. Estrellas duras
que amarilleando van ya cielo arriba.
La araña sobre su maroma
el lago cruza. Los gusanos
dejan sus sólitas estancias.
Las pequeñas aves convergen, convergen
con sus dones hacia difíciles lindes.
Traducción de Jesús Pardo

Carta de amor

No es fácil expresar lo que has cambiado.
Si ahora estoy viva entonces muerta he estado,
aunque, como una piedra, sin saberlo,
quieta en mi sitio, mi hábito siguiendo.
No me moviste un ápice, tampoco
me dejaste hacia el cielo alzar los ojos
en paz, sin esperanza, por supuesto,
de asir los astros o el azul con ellos.
No fue eso. Dormí: una serpiente
como una roca entre las rocas hiende
el intervalo del invierno blanco,
cual mis vecinos, nunca disfrutando
del millón de mejillas cinceladas
que a cada instante para fundir se alzan
las mías de basalto. Como ángeles
que lloran por la gente tonta hacen
lágrimas que se congelan. Los muertos
tenían yelmos helados. No les creo.
Me dormí como un dedo curvo yace.
Lo primero que vi fue puro aire
y gotas que se alzaban de un rocío
límpidas como espíritus. y miro
densas y mudas piedras en tomo a mí,
sin comprender. Reluzco y me deshojo
como mica que a sí misma se escancie,
igual que un líquido entre patas de ave,
entre tallos de planta. Mas no pienses
que me engañaste, eras transparente.
Árbol y piedra nítidos, sin sombras.
Mi dedo, cual cristal de luz sonora.
Yo florecía como rama en marzo:
una pierna y un brazo y otro brazo.
De piedra a nube iba yo ascendiendo.
A una especie de dios ya me asemejo,
hiende el aire la veste de mi alma
cual pura hoja de hielo. Es una dádiva.

Traducción de Jesús Pardo

[Sección “Huella Poética ” bajo la dirección de Mireya Guzmán Burgos escritora de nacionalidad española. @mireyaguzmanburgos]

Publicar comentario