Entre pitos y tambores, “historiantes” reafirman identidad de Santiago Nonualco
Redacción: Ernesto Grande
(ENNews)—El sonido del pito y el tambor acompañan a los historiantes en Santiago Nonualco en La Paz Centro. Es la señal de que la danza de moros y cristianos, una de las tradiciones más longevas del municipio, se prepara para recorrer las calles en honor al patrono Santiago.
Entre los danzantes destaca Eusebio Gómez, quien comenta que inicio siguiendo a su padre, que también fue historiante. A la edad de 18 años le dijo que quería participar, desempeñando el papel de Roldan. “mi participación fue que le puse una devoción a Santiaguito, y allí fui yo viendo cómo él me ayudaba”, afirma mientras enumera los papeles que ha interpretado, desde Roldán hasta el rey moro y el rey cristiano.
En la misma línea de recuerdos está Juan de la Cruz, intérprete de Jacobo, uno de los integrantes más veteranos. Su primera participación fue en 1973, guiado únicamente por el sonido del tambor. “Esto no es de que lo exijan, tiene que salir del corazón”, señala, para él, la danza no es solo una representación histórica, sino también una muestra de fe y de identidad colectiva.

José García, ingresó junto a su hermano, motivado por la tradición familiar. “La emoción es sentir halagado por estar en el grupo y que la danza continúe tras generaciones”, comenta. Ese mismo espíritu de permanencia lo comparte Román Ramos, actual rey cristiano, quien llegó atraído por la forma en que el grupo bailaba durante una fiesta patronal. “Es importante, no hay que dejar que las tradiciones o las costumbres que se tienen en el pueblo se pierdan, para que sigan vivas e invitar a nuevas personas para que sigan uniéndose”, asegura.
El relevo generacional es uno de los desafíos. Entre los más pequeños está Joaquín Ramos, que con su espada en mano afirma sentirse feliz y emocionado. Su participación a temprana edad refleja la intención de transmitir la tradición desde la niñez, aunque los integrantes reconocen que la continuidad depende de mantener el interés de los jóvenes.
Otro riesgo latente es la pérdida de conocimientos esenciales. “No hay quien quiera aprender, y sin pito y tambor no hay danza”, advierte Gómez. Los dos instrumentos son considerados la base de la representación, ya que marcan el ritmo y guían cada movimiento durante las largas jornadas de baile.
Danilo Espinoza, auxiliar mayor, resume el reto de mantener viva la costumbre: “No hay manual, el auxiliar mayor al final viene siendo como el líder que tiene que llevar hacia adelante la danza”. El grupo se va reforzando con los familiares de los miembros. Desde su cargo, procura que los ensayos conserven la esencia de la danza y que los trajes mantengan la autenticidad que ha pasado de generación en generación.
A pesar de algunos reconocimientos del Ministerio de Cultura y de los apoyos ocasionales de la alcaldía, los integrantes coinciden en que falta un programa sólido que garantice la continuidad. “Se habla de identidad cultural, pero no hay un plan que fortalezca de verdad a los historiantes”, afirma Espinoza.
Cada año, cuando julio llega y el pueblo se viste de fiesta, la danza cobra vida.

El sonido del pito y el tambor marcan el inicio de una representación que es más que un baile, es un acto de memoria y fe que mantiene unida a la comunidad y recuerda que la identidad cultural de Santiago Nonualco sigue latiendo con cada paso.






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