Madrid y Barcelona se enfrentarán este domingo en el primer clásico del año
Redacción: Fernanda Tamacas
(ENNews)- El Real Madrid selló su pasaporte a la final con una victoria tan efectiva como engañosa ante el Atlético, un triunfo que le dio tres días de tregua a Xabi Alonso, pero que dejó más interrogantes que certezas. Ganó por pegada individual, no por fútbol colectivo, y lo hizo pagando un alto precio: perdió por lesión a los dos centrales que le quedaban disponibles, Antonio Rüdiger y Raúl Asencio, un contratiempo serio de cara al Clásico del domingo.
El partido quedó marcado desde el amanecer. Apenas al minuto y medio, una falta discutible de Gallagher sobre Bellingham permitió a Federico Valverde desplegar su artillería pesada. El uruguayo conectó un derechazo descomunal desde 25 metros que se coló en la red tras rozar el guante de Oblak. Un gol tempranero que desfiguró el planteamiento del derbi y obligó al Atlético a remar contracorriente.
Lejos del vértigo habitual, el Madrid se acomodó en la ventaja y apostó por un repliegue conservador. El Atlético, más dueño de la pelota y mejor durante largos tramos, no logró traducir su dominio en goles. Le faltó remate, precisión en el último gesto y, una vez más, la aparición decisiva de Julián Álvarez, demasiado ausente para un partido de esta magnitud.

Simeone mantuvo su plan pese a las señales de alerta. Apostó por Gallagher en lugar del lesionado Barrios y volvió a emparejar en ataque a Álvarez y Sorloth, una sociedad irregular que no terminó de cuajar. El noruego creció con el paso de los minutos; el argentino, en cambio, volvió a menguar.
El Atlético rozó el empate antes del descanso con disparos lejanos de Baena, un cabezazo a bocajarro de Sorloth y otra ocasión clara en el segundo palo que se perdió increíblemente. Courtois sostuvo al Madrid y volvió a maquillar un marcador que no reflejaba lo que sucedía en el campo.
En la segunda parte, el dominio rojiblanco se acentuó tras los ajustes de Simeone, pero el Madrid volvió a demostrar su colmillo. En su primera escapada clara, Bellingham rompió líneas, Valverde asistió y Rodrygo, con velocidad y sorpresa, superó a Le Normand y cruzó el disparo ante Oblak para el 2-0. Un golpe durísimo para un Atlético que merecía más.
El premio a la insistencia colchonera nunca llegó. Sorloth volvió a imponerse por alto, esta vez sobre Asencio, pero su cabezazo se marchó fuera. El Madrid, mientras tanto, entró en modo supervivencia. La lesión de Rüdiger y Asencio obligó a Xabi Alonso a improvisar una zaga inédita con Tchouaméni y Carreras, reordenar al equipo y resistir.
Paradójicamente, con los cambios el Madrid respiró mejor. Salió con más claridad de la presión e incluso rozó el tercer gol en un disparo de Rodrygo que Oblak desvió. Vinicius, tras una tarde tensa de cruces verbales con Simeone y bien contenido por Llorente, fue sustituido.
El pitazo final confirmó la clasificación blanca a la final y el Clásico en Yeda, pero también dejó claro que la victoria fue analgésica, no sanadora. El Madrid avanzó, sí, pero lo hizo caminando sobre las brasas, sostenido por su jerarquía individual y por Courtois, y con un futuro inmediato lleno de precariedades. El Atlético, mejor durante más tiempo, volvió a quedarse corto donde más duele: en el marcador.




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