Seis meses más: que esta vez no nos encuentre dormidos
Por: Lic Jaime Ortega
(ENNews)- Hay noticias que se reciben con café, otras con preocupación y algunas con una oración de agradecimiento. La situación del TPS de los salvadoreños en Estados Unidos pertenece a estas últimas. Llegamos al 9 de septiembre de 2026 con miles de compatriotas pendientes del teléfono, de las noticias y probablemente hasta del grupo familiar de WhatsApp donde siempre existe un primo que, sin ser abogado, periodista ni funcionario de inmigración, asegura tener información “de muy buena fuente”.
La fecha llegó sin que el Departamento de Seguridad Nacional emitiera la determinación definitiva que correspondía sobre El Salvador, y frente a esa ausencia de decisión aparece la figura de la extensión automática de seis meses prevista por la legislación estadounidense, según han explicado especialistas migratorios.
Sin comprometerse plenamente, el DHS, mientras tanto, ha dicho que hará su anuncio en el momento correspondiente y que los salvadoreños bajo TPS conservan su protección y sus permisos de trabajo mientras eso ocurre. No estamos, entonces, ante una residencia permanente disfrazada ni ante una garantía de que esto continuará indefinidamente. Tenemos un tiempo extra. Y como cristiano quiero comenzar precisamente allí: toda la gloria sea para nuestro Señor Jesucristo. No voy a repartirle a nadie una medalla que no le corresponde ni convertir la angustia de nuestra gente en propaganda política. Dios ha permitido que se abra otra ventana y miles de familias pueden respirar nuevamente. Ahora viene la pregunta incómoda: ¿qué vamos a hacer con esos seis meses?
Porque nuestros hermanos salvadoreños llevan aproximadamente 25 años bajo este TPS y en 25 años cabe prácticamente media vida. El muchacho que llegó a Estados Unidos diciendo «solo cinco años voy a estar aquí; hago unos dólares y me regreso”, ahora probablemente tiene 50, usa lentes para leer, sufre de presión alta y todavía continúa anunciando que “el otro año sí me regreso”. Algunos salieron dejando una novia en El Salvador y hoy tienen esposa, hijos universitarios y nietos que cuando el abuelo les dice “venga para acá” le contestan “What?”. Esa es la dimensión humana de esta historia. El TPS nació como una protección temporal después de los terremotos de 2001, pero la vida siguió caminando mientras nuestros compatriotas trabajaban, criaban familias y echaban raíces en Estados Unidos. Por eso este tiempo extra debe celebrarse, pero sería un grave error recibirlo como quien recibe otra cuota de tiempo ilimitado. El reloj sigue caminando.
Entre esos salvadoreños está don Chepe el prevenido, personaje ficticio pero que seguramente tiene miles de equivalentes reales. Llegó con una maleta que parecía lonchera porque prácticamente no traía nada. Trabajó en construcción, aprendió electricidad, después hizo trabajos por su cuenta y, cada vez que cobraba, guardaba algo. Mientras los compañeros cambiaban de carro, Chepe seguía manejando el mismo Toyota que hacía un ruido extraño al doblar a la izquierda, pero llegaba. Un día compró un terreno en El Salvador. Después levantó la casa. Más adelante compró otro terreno y construyó dos apartamentos pequeños. Cuando sus amigos se burlaban diciéndole “¡vos solo para El Salvador trabajás!”, Chepe respondía: “Algún día me voy a sentar debajo de ese palo de mango”. Han pasado 20 años, el palo de mango ya probablemente necesita poda y Chepe sigue en Estados Unidos, pero ahora tiene casa, propiedades, algunos ahorros y una renta mensual. Si mañana terminara definitivamente el TPS, seguramente le dolería abandonar la vida construida allá, pero no llegaría al aeropuerto salvadoreño preguntando dónde va a vivir. Chepe entendió que prepararse para regresar no significa querer regresar mañana; significa no quedar destruido si mañana toca regresar.
Hoy, por encima de todo, demos toda la gloria y toda la honra a nuestro Señor Jesucristo. No convirtamos este tiempo extra en trofeo de ningún político ni permitamos que nadie se apropie de la angustia y del alivio de miles de familias salvadoreñas. La explicación jurídica está en la legislación estadounidense; nuestra gratitud como creyentes está puesta en Dios. Él ha permitido que tengamos más tiempo. Ahora nos corresponde administrarlo con sabiduría, porque quizá la pregunta verdaderamente importante ya no sea cuánto tiempo más durará el TPS, sino qué vamos a hacer nosotros con el tiempo que todavía tenemos.
Y si usted lleva 25 años diciendo “el próximo año comienzo a ahorrar”, hermano querido, tengo una pequeña noticia para usted:el próximo año ya llegó como cinco veces.
Fuente: EDH







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