El envejecimiento podría tratarse como una enfermedad, según un profesor de Harvard

Por: Equipo de redacción

(ENNews)- Durante años se pensó que envejecer era un proceso inevitable, marcado únicamente por el código genético. Sin embargo, investigaciones recientes apuntan a que las decisiones cotidianas pueden acelerar o ralentizar el envejecimiento, ofreciendo nuevas posibilidades para vivir más y mejor. Aquí te contamos lo que realmente importa según David Sinclair, profesor en el Departamento de Genética de la Facultad de Medicina de Harvard y co-director del Paul F. Glenn Center for Biology of Aging Research.

El genetista David Sinclair sostiene que el envejecimiento no es solo cuestión de daños en el ADN, sino de una pérdida de información esencial en las células. Su equipo ha logrado revertir signos de envejecimiento en ratones, lo que refuerza la idea de que el proceso podría corregirse actuando sobre el epigenoma. Una teoría que, según Time, desafía por completo lo que creíamos saber sobre envejecer.

Para David Sinclair, envejecer no es una regla biológica inquebrantable, sino un proceso flexible que podría ralentizarse o revertirse. Su teoría, citada por distintas fuentes, cuestiona las ideas tradicionales sobre la vejez y abre la puerta a una nueva forma de entender el paso del tiempo.

Aunque la genética juega un papel importante, varios expertos en longevidad coinciden en que más del 80% de nuestra salud futura depende de los hábitos que adoptamos y del entorno en el que vivimos. Esto resalta la gran influencia que tienen nuestras elecciones diarias sobre el envejecimiento y la calidad de vida, según BBC News.

Para el genetista David Sinclair, el paso del tiempo no depende tanto de los daños acumulados en el ADN como de un sistema más sofisticado: el epigenoma. Se trata de un mecanismo que actúa como un “interruptor maestro”, determinando qué genes se expresan y en qué momento. Si aprendemos a controlar ese sistema, podríamos ralentizar e incluso revertir parcialmente los efectos del envejecimiento.

La forma en que vivimos influye directamente en cómo envejecemos. Una dieta deficiente, la falta de actividad física, el estrés prolongado y la constante exposición a entornos artificiales interfieren con los sistemas naturales de reparación del cuerpo. Estos factores no solo desgastan el organismo, sino que también aceleran el deterioro celular, haciendo que el envejecimiento avance más rápido de lo que dictaría la biología por sí sola.

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