Trauma y apego: ¿la vuelta del psicoanálisis?
Por: Equipo de redacción
(ENNews)- Son dos ideas al alza en las consultas de los psicólogos. Un filón para captar lectores en los libros de autoayuda. La fuente de la que beben cientos de investigaciones. Y un ámbito manoseado hasta el delirio en redes sociales, donde brotan miles de entradas en las que ambas nociones se estiran a discreción y con absoluto descaro (incluso osadía diagnóstica), según estime el youtuber o tiktoker de turno.
Trauma y apego. Apego y trauma. Estilos de apego que derivan en traumas. Vivencias traumáticas difíciles de procesar por un apego no seguro. El huevo y la gallina. Círculos viciosos operando desde los rincones de la psique. Bucles que, se nos insiste, hay que desentrañar si queremos sentirnos mejor. Juntos o por separado, con sus fieles y detractores, ambos conceptos simbolizan una tendencia que se consolida en salud mental: mirar hacia atrás para sanar el ahora.
Tras décadas de hegemonía cognitivo-conductual —paradigma terapéutico que prioriza el presente—, hoy vivimos un resurgir de enfoques que, no siempre de forma explícita, revisitan el psicoanálisis y su énfasis en el pasado, sobre todo la infancia. “Freud fue el primero que aplicó el trauma a las emociones. Y el apego lo conceptualizó un psicoanalista”, explica Marimén Saavedra, de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP)
Saavedra se refiere a John Bowlby, que en los años 60 formuló la teoría del apego. Esta otorga una importancia nuclear a la relación con nuestros cuidadores (en especial la madre) durante los primeros años de vida. Sin un vínculo seguro, se avisa, el niño crecerá irremisiblemente hacia un adulto con relaciones problemáticas y las emociones escacharradas. Por suerte, esa herida primigenia se puede curar, aducen los muchos psicólogos que hoy trabajan con el apego. Bowlby intentó conciliar la ortodoxia del diván con la observación empírica. Su herencia ha ramificado en sendas variopintas, desde los laboratorios de psicología hasta la magia del curandero.
Existen más conexiones entre el tándem trauma/apego y el psicoanálisis. Desde el Colegio Oficial de Psicólogos (COP) de Madrid, Silvia Monzón cita a Sándor Ferenczi, un discípulo de Freud que amplió los contornos del trauma —o de sus causas— a la negligencia emocional en la familia. Y Guillermo Bodner, editor de la Revista Internacional de Psicoanálisis, alude a un “concepto freudiano” que estima “muy vigente”: la transferencia. Es decir, “patrones de conducta del pasado que perduran en el presente”. Bodner pronuncia una observación con visos de polémica: “Perturbaciones como que la madre no sostenga al niño adecuadamente cuando está amamantando provocan cuestiones relativas al apego que pueden convertirse en trauma”.
No por casualidad, la revista online de la SEP incluye en los primeros lugares de sus contenidos fijos un dossier sobre “el trauma psíquico”, otro dedicado a Ferenczi y un tercero en torno a Peter Fonagy, el autor que apuntaló la teoría del apego en los pilares del psicoanálisis. Tampoco sorprende que un terapeuta estadounidense, Andrew Dobo, haya fusionado el psicoanálisis jungiano con el EMDR, una técnica en boga para tratar el trauma. Ni que Judith Herman, la autora que acuñó otro término muy popular —trauma complejo, el que se produce por la repetición de experiencias negativas y no un único episodio de alto impacto—, recogiera en parte el testigo académico de su madre, Helen Lewis, quien llegó a presidir la división de psicoanálisis de la Asociación de Psicología de EEUU.






Publicar comentario