¿Demasiada proteína? Los dudosos beneficios del nutriente de moda
Por: Equipo de redacción
(ENNews)- La proteína ha pasado de ser un macronutriente a un reclamo publicitario, un unicornio nutricional. En los últimos años, los productos alimentarios han empezado a añadir proteína a sus fórmulas y lo han destacado en sus empaquetados, disparando las ventas. Una búsqueda de la palabra “proteína” en la web de Mercadona arroja 50 resultados. La búsqueda de “carbohidratos” da un triste paquete de pasta y en la de “grasas” se mezclan productos de limpieza y aquellos que anuncian tener bajo contenido en este macronutriente.
La proteína (la “prote”, como la llaman sus apóstoles) ha colonizado los lineales del supermercado. Ya no solo se consume en los alimentos que la tienen de forma natural, como el pollo o el atún. Ahora se enriquecen con ella las harinas, las chocolatinas, las palomitas y hasta el agua. Cualquier ultraprocesado puede añadir la palabra mágica con un cambio en su formulación. Se venden muy bien, pero ¿son sanos?
Esta semana, un gran metaanálisis ha puesto en tela de juicio el consenso sobre los beneficios de la proteína. Se trata de una revisión de más de 350 estudios y sugiere que reducir su ingesta podría ser beneficioso para la salud, pues ralentizaría el envejecimiento celular y mejoraría el metabolismo. La mayoría de los estudios analizados se han realizado en animales. Los propios autores reconocen que se necesita más investigación para respaldar esta idea. Aun así, el estudio supone una pequeña mácula en el hasta ahora inmaculado currículum proteico, y hace que los científicos se pregunten si no se han exagerado sus beneficios.

Uno de los factores clave de este mecanismo es una hormona llamada FGF21, cuyos niveles aumentan cuando la ingesta de proteínas es baja. La FGF21 mejora el control del azúcar en sangre y reduce la inflamación. Estudios realizados en ratones han demostrado que los animales con niveles más altos de FGF21 vivieron más tiempo. Se sabe que en los seres humanos, consumir menos proteínas también eleva los niveles de FGF21.
Lamming recuerda que se necesita más investigación para consolidar su tesis. Y señala que los atletas suelen consumir grandes cantidades de proteína sin desarrollar enfermedades metabólicas. Sospecha que el ejercicio regular ayuda a protegerlos de los efectos negativos para la salud asociados con una dieta rica en proteínas. Pero que esto no funcionaría en las personas sedentarias.
Vivimos una moda elefantiásica del consumo de proteína, pero eso no implica que quienes han aumentado su consumo hagan deporte. De hecho, la sociedad moderna es cada vez más sedentaria. Y el experto cree que eso puede tener efectos negativos. “Probablemente debamos personalizar las recomendaciones sobre proteínas no solo en función de la edad”, dice. “Habría que tener en cuenta también el nivel de actividad de cada persona”.







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