¿Por qué empiezas a hacer ejercicio y lo abandonas? La respuesta puede estar en tus objetivos
Por: Equipo de redacción
(ENNews)- Empieza el buen tiempo, los días se alargan, apetece salir más y, casi sin darte cuenta, tomas una decisión: “Voy a empezar a hacer ejercicio”. Te marcas un objetivo. Quizá caminar 10.000 pasos al día, ir al gimnasio tres veces por semana o salir a correr. Los primeros días todo va bien, incluso sientes orgullo, pero pasan las semanas y algo cambia: un día fallas, luego otro, y, sin darte cuenta, abandonas. Si te identificas con esta historia, no eres la única persona. Es una historia extraordinariamente común que nos lleva inevitablemente a una pregunta incómoda: ¿Qué ha fallado?
Durante años nos han dicho que la clave para mantenernos activos está en fijar objetivos concretos, medibles, alcanzables, realistas y con un plazo definido. Es lo que se conoce como objetivos SMART, por sus siglas en inglés: Specific, Measurable, Achievable, Realistic, y Time-bound. La evidencia científica confirma que fijar objetivos sí funciona, de hecho, es una de las estrategias más eficaces para aumentar la actividad física, pero también empieza a señalar algo importante: no es tanto cuestión de fijar objetivos, sino de cómo los fijamos. Un reciente consenso internacional de expertos en ejercicio y salud propone un cambio de paradigma que resulta tan sencillo como profundo.
No todos partimos del mismo punto ni tenemos las mismas necesidades. No es lo mismo quien lleva años entrenando que quien intenta moverse después de meses (o incluso años) de inactividad; tampoco es lo mismo quien busca rendimiento que quien busca salud, ni quien está altamente motivada que quien todavía está intentando encontrar razones para empezar a hacer ejercicio. Desde esta perspectiva, el nuevo enfoque propone volver a lo esencial: entender cuál es realmente el objetivo, cómo influye en nuestro comportamiento y, sobre todo, cómo adaptarlo a cada persona y a su contexto. Porque quizá el problema no es que no tengas objetivos, sino que los objetivos que te han enseñado a fijar no están pensados para ti.
El modelo SMART, una fórmula aparentemente fácil de recordar y aplicar, no se basa directamente en una teoría sólida del comportamiento ni está alineado con la evidencia más reciente sobre cómo cambiamos nuestros hábitos. Se ha popularizado más por su practicidad que por su rigor.
Una de las ideas más extendidas es que los objetivos deben ser siempre específicos. Sin embargo, los estudios muestran que no hace falta que lo sean para que funcionen. Decirte “tengo que hacer 10.000 pasos al día” no es necesariamente más eficaz que proponerte simplemente moverte más; de hecho, en algunas personas (especialmente en las menos activas) puede incluso ser contraproducente. Los objetivos excesivamente concretos tienden a convertirse en un todo o nada: o los cumples o fracasas, y ese “fracaso” puede generar frustración. Y esto ocurre, aunque hayas hecho más ejercicio que antes, lo que puede reducir la motivación y favorecer el abandono.
A esto se suma otro problema relevante: asumir que todos necesitamos el mismo tipo de objetivo. El modelo tradicional no distingue entre una persona que ya entrena regularmente y otra que está dando sus primeros pasos, pero la evidencia sí lo hace. Sabemos que quienes están empezando responden mejor a objetivos más abiertos, flexibles o centrados en el aprendizaje, mientras que los objetivos más exigentes y específicos pueden ser útiles en personas con experiencia. Aplicar la misma fórmula a todo el mundo no solo es ineficaz, sino que, en muchos casos, resulta injusto.





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