¿Por qué los niños ya no juegan como antes?

Por: Equipo de redacción

(ENNews)- Hace apenas unas décadas bastaba con bajar al parque o salir a la calle para que el juego apareciera casi de forma espontánea. No hacían falta grandes planes, juguetes sofisticados ni adultos organizando cada minuto de la agenda. Bastaban otros niños, una pelota, la bici, unas tizas y un poco de imaginación. Todo fluía de manera natural.

Sin embargo, hoy la escena es muy distinta. Cada vez son más quienes sienten que sus hijos o alumnos ya no saben a qué jugar o, simplemente, jugar. Suelen necesitar que un adulto les proponga una actividad, que les entretenga constantemente o recurrir a un dispositivo. ¿Qué está pasando para que el juego espontáneo esté desapareciendo poco a poco de la infancia?

Durante décadas se creyó que jugar era simplemente una forma de divertirse, algo totalmente opuesto a lo que considerábamos aprender. Sin embargo, cada vez tenemos más información sobre el papel que desempeña el juego en el desarrollo infantil. Últimos avances refuerzan la idea de que, durante el juego libre, se activan regiones cerebrales fundamentales para el aprendizaje y la memoria, como el hipocampo y la corteza prefrontal. Lejos de ser una simple forma de diversión, el juego es un auténtico motor para el desarrollo cerebral: fortalece las conexiones neuronales sobre las que se construirán habilidades tan importantes como la creatividad, la regulación emocional, la atención o la capacidad para resolver problemas. Sin embargo, para que todo esto ocurra se necesita algo imprescindible: tiempo.

Es posible que esta sea una de las principales razones por las que el juego está pasando a un segundo plano. Cada vez son más los niños que disponen de poco o ningún tiempo para jugar. Entre el colegio, las actividades extraescolares, los deberes, los desplazamientos y el ritmo acelerado de las familias, el juego ha ido quedando relegado. Incluso hay niños que, cuando por fin disponen de un rato libre, están demasiado cansados para jugar. Y el juego necesita tiempo. Un tiempo necesario para imaginar, explorar, aburrirse, probar, equivocarse, volver a empezar y dejar que las ideas aparezcan de forma natural.

A esta realidad se suma otro factor que ha transformado profundamente la infancia en los últimos años: las pantallas. Hoy sabemos que una parte importante del tiempo que antes se dedicaba al juego ha sido sustituida por el tiempo frente a una pantalla. El problema no es solo el tiempo que ocupan, que es mucho, sino también el efecto que producen sobre el cerebro.

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